¡Colombia y el mundo se están incendiando! Polarización, violencia, guerras y conflictos.

Ante la desesperanza que produce todo lo que está sucediendo, recordé una fábula que leí con especial cuidado por tener como protagonista un colibrí. Me parece espectacular ese diminuto pájaro que agita sus alas con tal rapidez, que traza un zigzagueo matemático en el aire; que tiene la capacidad de mantener una posición milimétrica suspendido en el espacio y que despliega colores deslumbrantes cuando se tiene la suerte de verlo aparecer y desaparecer en unos segundos. ¡Es magnífico!

La fábula dice así:

Cuenta la leyenda que en un frondoso bosque lleno de vida, estalló un incendio devastador. Las llamas rugían, consumiendo árboles, flores y todo a su paso. Los animales, aterrorizados, corrían para escapar del fuego. El jaguar, el ciervo, el oso y hasta las aves más grandes huían despavoridos, buscando refugio lejos del peligro.

En medio del caos, un pequeño colibrí, con sus alas brillantes y su cuerpo diminuto, volaba en dirección contraria. Iba y venía sin parar, desde el río cercano hasta el corazón del incendio. Con su pequeño pico, tomaba una gota de agua y la dejaba caer sobre las llamas, una y otra vez, incansable.

El jaguar, al verlo, se detuvo y gritó: “¡Colibrí, qué haces? ¡Es imposible apagar este incendio con esas gotitas! ¡Huye como nosotros, sálvate!”

El colibrí, sin detener su vuelo, miró al jaguar y respondió con voz clara: “Quizá no pueda apagar el fuego solo, pero estoy haciendo mi parte.”

Los otros animales, al principio burlones, quedaron en silencio. Algunos, avergonzados, comenzaron a buscar formas de ayudar. El ciervo llevó ramas húmedas, el oso cavó zanjas para frenar las llamas, y las aves más grandes trajeron agua en sus picos. Cada uno, inspirado por el pequeño colibrí, empezó a contribuir a su manera.

Varias preguntas y observaciones surgen de esta fábula. Comparto algunas que se me vienen a la cabeza:

¿Qué puede hacer un simple individuo ante problemas tan complejos como las guerras, atentados, desastres ambientales, problemas de escasez mundial, desempleo y desigualdad? ¿Qué puede aportar para apagar esos incendios?

Lo primero es aclarar algo: en esta historia de vida, nada es nuevo para el hombre. Todo el ciclo de la humanidad se encuentra inmerso en períodos donde el odio y la violencia están más enarbolados, y otros momentos donde hay más cooperación y unidad. Ejemplos hay y habrá por montones en donde a una época de oscurantismo le sucede otra de ilustración; a una de locura le sigue otra de grandes descubrimientos, de brillantez y humanismo. Por eso, ante todo, calma.

¡Colombia y el mundo se están incendiando! Polarización, violencia, guerras y conflictos.

Ante la desesperanza que produce todo lo que está sucediendo, recordé una fábula que leí con especial cuidado por tener como protagonista un colibrí. Me parece espectacular ese diminuto pájaro que agita sus alas con tal rapidez, que traza un zigzagueo matemático en el aire; que tiene la capacidad de mantener una posición milimétrica suspendido en el espacio y que despliega colores deslumbrantes cuando se tiene la suerte de verlo aparecer y desaparecer en unos segundos. ¡Es magnífico!

La fábula dice así:


Cuenta la leyenda que en un frondoso bosque lleno de vida, estalló un incendio devastador. Las llamas rugían, consumiendo árboles, flores y todo a su paso. Los animales, aterrorizados, corrían para escapar del fuego. El jaguar, el ciervo, el oso y hasta las aves más grandes huían despavoridos, buscando refugio lejos del peligro.

En medio del caos, un pequeño colibrí, con sus alas brillantes y su cuerpo diminuto, volaba en dirección contraria. Iba y venía sin parar, desde el río cercano hasta el corazón del incendio. Con su pequeño pico, tomaba una gota de agua y la dejaba caer sobre las llamas, una y otra vez, incansable.

El jaguar, al verlo, se detuvo y gritó: “¡Colibrí, qué haces? ¡Es imposible apagar este incendio con esas gotitas! ¡Huye como nosotros, sálvate!”

El colibrí, sin detener su vuelo, miró al jaguar y respondió con voz clara: “Quizá no pueda apagar el fuego solo, pero estoy haciendo mi parte.”

Los otros animales, al principio burlones, quedaron en silencio. Algunos, avergonzados, comenzaron a buscar formas de ayudar. El ciervo llevó ramas húmedas, el oso cavó zanjas para frenar las llamas, y las aves más grandes trajeron agua en sus picos. Cada uno, inspirado por el pequeño colibrí, empezó a contribuir a su manera.


Varias preguntas y observaciones surgen de esta fábula. Comparto algunas que se me vienen a la cabeza:

¿Qué puede hacer un simple individuo ante problemas tan complejos como las guerras, atentados, desastres ambientales, problemas de escasez mundial, desempleo y desigualdad? ¿Qué puede aportar para apagar esos incendios?

Lo primero es aclarar algo: en esta historia de vida, nada es nuevo para el hombre. Todo el ciclo de la humanidad se encuentra inmerso en períodos donde el odio y la violencia están más enarbolados, y otros momentos donde hay más cooperación y unidad. Ejemplos hay y habrá por montones en donde a una época de oscurantismo le sucede otra de ilustración; a una de locura le sigue otra de grandes descubrimientos, de brillantez y humanismo. Por eso, ante todo, calma.

Asimismo, a lo largo de los periodos, habrá líderes o personajes que abanderen y hagan frente a la sinrazón con sus virtudes e ideales. De igual manera, personas que de forma silenciosa, con su actuar honesto, bondadoso y responsable, van dejando un legado imprescindible en medio de la locura colectiva. Son actores silenciosos e invisibles que con sus acciones pequeñas pero constantes van delineando la sociedad y van demarcando el camino para la transición: del incendio a la calma.

Son personajes que con su ejemplo*, impactan a la sociedad e influyen de tal forma que se convierten en modelo de conducta. Sus actos virtuosos van despertando en los demás conductas parecidas, como si su ejercicio continuo generara a su vez un efecto multiplicador, que paso a paso, gota a gota, va transformando la sociedad.

¿Y tú, eres un colibrí?

*Para más información sobre la ejemplaridad pública como principio ético y social ver en Javier Gomá Lanzón y sus libros, el más reciente “Universal concreto: método, ontología, pragmática, poética de la ejemplaridad“.

Salud!!

-Luis Fernando Montoya