¿Qué Es Más Cruel: Que Te Digan ‘No’ o Que Te Digan ‘Sí’ pero no te cumplan?

El 4 de diciembre de 2024, Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, fue asesinado a tiros en Manhattan, Nueva York, mientras se dirigía a una conferencia de inversionistas. Las balas tenían grabado “deny, defend, depose” (negar, defender, deponer), reflejando la frustración por un sistema que rechaza 1 de cada 3 reclamaciones médicas y que factura millones de dólares al año.

El caso desató un debate nacional sobre el sistema de salud estadounidense, especialmente sobre UnitedHealthcare, señalada entre las que registraron tasas altas de negación en planes del mercado individual. El asesinato generó reacciones polarizadas: mientras algunos condenaron la violencia, otros expresaron frustración por las prácticas de negación sistemática de servicios médicos.
Por el lado de Colombia, las noticias no son menores y reflejan una paradoja diferente, la que se puede llamar: promesa incumplida. La de pacientes que después de interponer una tutela y de ganarla, deben esperar a que las entidades cumplan lo que el Juez ordena, generalmente la consulta a un especialista o el suministro de un medicamento. Con frecuencia se ven en las noticias casos de pacientes que, aun ganando la tutela, esperan días, semanas y meses para el cumplimiento, empeorándose la situación de salud.
Esto nos lleva a la dicotomía entre los sistemas estadounidense y colombiano.

Dos Caras de Una Misma Moneda
Estados Unidos nos presenta un sistema donde la negación es explícita y fundamentada en criterios económicos, si no es rentable o no cumple criterios específicos, el servicio simplemente no se autoriza.
Colombia, en contraste, exhibe una paradoja diferente: con un sistema que ofrece cobertura al 98.7% de la población (DANE-MinSalud, BDUA 2023) y un marco normativo que garantiza el acceso universal a los servicios de salud (Ley Estatutaria 1751 de 2015), parecería superior en términos de acceso. Sin embargo, la realidad es compleja: la autorización no garantiza la prestación efectiva del servicio.
La Economía de la Espera
En Estados Unidos, la barrera es financiera y explícita. El sistema no promete lo que no está dispuesto a entregar. Los números son contundentes: un gasto per cápita significativamente mayor, pero con reglas claras sobre lo que cubre y lo que no.
En Colombia, enfrentamos lo que podríamos llamar “la economía de la espera”. El sistema promete, autoriza, pero la materialización del servicio se diluye en tiempos de espera, trámites y barreras administrativas. Es una forma de negación más sutil, pero igualmente efectiva.
Las Implicaciones Económicas
Lo relevante es que ambos sistemas, aunque opuestos en su aproximación, terminan racionando servicios. Estados Unidos lo hace a través del precio y la negación directa; Colombia, a través del tiempo y la burocracia.
La “Tutelización” en Colombia (31.2% de las tutelas son por salud; 197.765 en 2023) representa un costo oculto significativo. Mientras el sistema estadounidense gasta en tecnología, el nuestro invierte en departamentos jurídicos y gestión de tutelas.

¿Se han preguntado cuánto cuestan las tutelas en el sistema de salud colombiano? Aquí les dejo algunas variables para estimarlo:
i) Congestión judicial: Los jueces reciben más tutelas mensuales que demandas ordinarias por resolver. Cada hora que un juez dedica a tutelas de salud es una hora menos para resolver conflictos civiles, penales o comerciales, incrementando el represamiento en la justicia.
ii) Recursos humanos especializados: Las EPS deben contratar equipos jurídicos y operativos para resolver tutelas en lugar de invertir en atención médica.
iii) Multas por desacato: Los jueces ordenan a las EPS que paguen multas por desacato al evidenciar que no cumplen los fallos de tutelas. Los recursos destinados a la atención médica se desvían hacia el pago de multas por no prestar servicios ordenados judicialmente.
La Paradoja Final
¿Qué es más costoso para una sociedad: la negación explícita o la promesa incumplida? ¿Qué genera mayor desgaste social: conocer los límites del sistema o vivir en la incertidumbre de la espera?
El sistema estadounidense, con su dureza económica, al menos ofrece claridad. El colombiano, con su vocación universal, genera una esperanza que no siempre se materializa. Ambos son reflejo de decisiones sociales y económicas fundamentales sobre cómo gestionar recursos escasos frente a necesidades infinitas. A ello se suma un efecto cultural: la percepción de que el derecho a recibir atención es absoluto, sin la contrapartida de la responsabilidad de cuidarse. Este desequilibrio entre derechos y deberes termina reforzando un incentivo a la falta de cuidado en la población, que se acostumbra a exigir servicios sin asumir plenamente su obligación de prevenir. Es allí donde aparece lo que denomino “los deberes invisibles”: aquellas responsabilidades individuales de cuidado que rara vez se reconocen, pero cuyo incumplimiento termina cargando el sistema.
La Diferencia Fundamental
Mientras Estados Unidos debate la humanización de un sistema eficiente, Colombia lucha por hacer eficiente un sistema humanizado. Es la diferencia entre decir “no podemos” y decir “sí podemos… eventualmente”.
En síntesis, los pacientes en Colombia siguen esperando servicios o medicamentos después de ganar su tutela, y los jueces ven sus providencias convertidas en saludos a la bandera. En EE.UU. la desesperación que genera la negativa explícita y el malestar social escalaron hasta el asesinato del CEO de UnitedHealthcare.
Esta dicotomía nos plantea preguntas fundamentales sobre equidad, eficiencia y honestidad en los sistemas de salud. No se trata solo de recursos económicos, sino de cómo las sociedades eligen gestionar sus promesas y limitaciones. Es una conversación urgente que debemos empezar.

