
Hay libros que llegan justo en el momento apropiado de tu vida. Te acompañan, te aconsejan, te adelantan a una época, te enseñan, te inspiran, te empoderan y, en ocasiones, parece que te entienden. La novela de Milán Kundera, “La insoportable levedad del ser”, que por cierto me acompañó en una etapa en la que acababa de terminar con mi novia de la Universidad, me acercó a una idea que suelo repensar: la del eterno retorno, planteada previamente por Nietzsche. Se trata de imaginar que nuestra vida se repitiera una y otra vez, dándonos la oportunidad de regresar, comparar, ensayar, verificar y corregir. Si tuviéramos presente la experiencia de vidas anteriores, podríamos ajustar la siguiente y tomar decisiones en función de lo que quisiéramos experimentar una y otra vez. Esto nos llevaría a vivir una infinidad de situaciones y experiencias interesantes y seguras, aunque, por otro lado, quizá también podría resultar infinitamente aburrido.
Sin embargo, muy bien lo dice Kundera “La vida humana acontece con el transcurrir de un solo tiempo; no hay forma de volver a empezar y rectificar el camino una y otra vez”, y por tanto “el hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida”.

De esto se trata la vida: de decisiones bajo incertidumbre.
Y, entonces ¿Cómo tomamos decisiones? ¿cómo manejamos la incertidumbre?
Ante una pregunta de tal complejidad, no hay respuestas correctas ni absolutas, pero sí algunos criterios o formas de pensar que permiten tratar de anticipar el camino o, al menos, reducir el ruido mental. De este modo, se pueden tomar decisiones con la libertad y la tranquilidad de haber hecho todo lo posible por sopesar las posiciones y elegir la mejor alternativa.

La metáfora del Pavo que menciona Nassim Taleb en su libro “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” es el mejor ejemplo de lo que estoy hablando.
Durante 1.000 días, el pavo pasta libremente y recibe su alimento. Solo espera el momento de la comida, día tras día. Al principio es esquivo y mira con desconfianza a quien se acerca a alimentarlo, pero con cada día que pasa, va asimilando lo bueno y maravilloso de su circunstancia: dormir, comer y pastar libremente. Con la repetición de este ciclo, llega a un pensamiento certero de que le pasará lo mismo la siguiente semana, el siguiente mes y durante los siguientes años. De hecho, se dice a sí mismo: mañana será igual que ayer, ¡con seguridad!
El día 1.001 es el Día de Acción de Gracias y se convierte en la cena. En un solo momento, toda la evidencia histórica que lo llevaba a confiar en un futuro certero resultó ser la preparación para su final.

Debo confesar que me hubiera gustado conocer esta historia antes de la pandemia, cuando junto con mi esposa tomamos algunas decisiones con la seguridad del pavo. Es más, me gustaría mantenerla presente en el día a día, porque tal como el pavo, la mayoría de nuestras decisiones se basan en la seguridad de lo acontecido y así proyectamos nuestro futuro; pensamos que el deber ser es tal como viene ocurriendo y que todo pasará de la mejor manera. Que nuestra salud, finanzas y nuestras relaciones serán una constante y un espiral hacia el éxito; que todo el camino será sin tropiezos. Analizamos con una mirada hacia atrás durante un período de tiempo corto y, de acuerdo con nuestros sesgos y pensamientos, estimamos que en adelante va a pasar lo mismo. Promediamos el resultado del año y así proyectamos nuestra vida, sacamos nuestros presupuestos y tomamos decisiones de inversión, de supervivencia.
Hasta que llega el día 1.001 y acontece una crisis financiera. Los mercados caen días después de que realizamos una inversión con los ahorros que teníamos; nos enfermamos; decidimos tomar un préstamo para hacer un negocio que prometía, justo antes de que se iniciara una pandemia; o inesperadamente, nos quedamos sin trabajo.
Para dejar de pensar como el pavo, les menciono metodologías que sirven como criterio de modelos mentales:
La estrategia de la barra con extremos
Nassim Taleb explica una forma de diseñar la vida o las inversiones con la imagen de una barra de pesas (barbell) en un gimnasio, a la cual se asigna un peso en cada uno de los extremos. En uno de ellos, se debería ubicar lo más seguro y por tanto el peso más grande, casi el 90%. Esta es tu parte conservadora, que te mantiene estable, que asegura tu futuro, como las inversiones en cuentas garantizadas, que evitan tu ruina, por ejemplo, un CDT. En el otro extremo, con un menor peso, se deben ubicar las situaciones de mayor riesgo, que, si resultan, puedan generar satisfacciones exponenciales o dividendos extraordinarios, por ejemplo, criptoactivos.

La teoría de la redundancia o de los repuestos
Esta estrategia, también del mismo Nassim Taleb y desarrollada en su libro “Antifragil”, se basa en observar cómo la misma naturaleza dota a ciertos sistemas que son esenciales para un funcionamiento efectivo, de mecanismos de respaldo o “repuestos” que garantizan su funcionamiento incluso ante una posible falla. En este sentido, algunos sistemas cuentan con dispositivos adicionales que actúan como un repuesto, de tal forma que, si uno de sus componentes falla, el sistema sigue operando con normalidad.
El mejor ejemplo de esta redundancia es el recuerdo que tengo de un gran amigo del colegio, Horacio. Cuando salíamos de rumba guardaba en el lugar más recóndito de su billetera la suma de dinero suficiente que le permitiera pagar el taxi de regreso a casa, previendo el gasto eufórico e inmediato que produce una linda fiesta. Más de una vez pudimos tomar el taxi gracias a él, luego de haber gastado nuestros ahorros de la semana en la última ronda.

Nietzsche y su “Amor fati”
Una de las características más importantes del superhombre que describe Nietzsche es su capacidad de amar lo que le depara el destino, a esto le llama “Amor fati”. Este amor al destino sea cual sea, implica no desear que las cosas sean diferentes a como suceden; simplemente aceptarlas y decir: “¡Así lo he querido!”
En materia de toma de decisiones, se podría explicar haciendo la siguiente pregunta: Si tuviera que vivir con la decisión que tomaste para siempre, ¿serías capaz de sentir amor fati ? Si tu respuesta es no, entonces debes replantearte otras opciones.
No se trata de ser fatalistas, sino de tener una mirada fatalista para vivir la vida y tomar mejores decisiones partiendo de esa perspectiva y de allí tratar que un imprevisto no nos tire a la lona.

Este año empezó con mucha incertidumbre: es año de elecciones, hay cierta desestabilización económica, el mundo se reorganiza y nuestros cimientos se mueven. En palabras más castizas, nos están moviendo el tablero. ¡Ojalá tengamos en cuenta estos modelos de pensamiento y podamos tomar decisiones decantadas para reacomodar las fichas y seguir jugando!
Salud!
-LF
