Egoísmo Inteligente

Un adulto deja caer accidentalmente un papel al suelo. Un niño de apenas 14 meses, de forma automática y espontánea, se acerca, lo recoge y se lo devuelve.

 

Este comportamiento, observado en un estudio con niños de entre 12 y 18 meses, reveló algo impresionante: la cooperación es un impulso natural del ser humano. Michael Tomasello en su libro “¿Por qué cooperamos?”, documenta cómo los niños en ese rango de edad muestran una tendencia espontánea a ser útiles y a colaborar con los demás.

 

Pero a medida que pasa el tiempo, esa predisposición natural a cooperar tiende a deteriorarse, en gran parte porque surgen otros sentimientos influenciados por el entorno social, como la reciprocidad. Cuando los niños empiezan a reconocer la actitud del “yo te ayudo si tú me ayudas”, la motivación y el impulso de colaborar disminuyen o aumentan según el contexto. Es una evolución lógica y aparentemente natural del ser humano.

 

No obstante, la cooperación sigue siendo fundamental y ha sido clave en el desarrollo y avance de la humanidad. Esta verdad indiscutible está ampliamente fundamentada desde perspectivas filosóficas, antropológicas e incluso biológicas; sin embargo, en la práctica, resulta complejo sostenerla y, aún más, lograr que se mantenga de forma constante y perdurable.

Cuando afirmo que resulta complicado mantener o sostener la cooperación, me refiero a que ciertas características inherentes al ser humano —el egoísmo, la desconfianza o el afán de destacar por encima de los demás— van erosionando poco a poco nuestra capacidad de colaborar y hacen cada vez más difícil perseverar en ello.

Por eso, la confianza es fundamental: solo cooperamos cuando confiamos y, a su vez, la confianza se fortalece a medida que cooperamos. Se trata de un círculo virtuoso que se refuerza con valentía y constancia. Cuando la cooperación se vive como una virtud, requiere coraje para iniciarla y determinación para sostenerla en el tiempo. Así lo resume el escritor Pablo D’Ors:

“El coraje de creer, el temple que implica confiar. Pocos entienden que la esperanza sea una virtud, la equivocan con un simple talante optimista o con una mera actitud positiva. Una virtud, sin embargo, es siempre fruto de un cultivo o de un entrenamiento. Esto implica escucha, un descubrimiento, una disciplina, una perseverancia.”

 

Existen múltiples ejemplos de formas brillantes de cooperación. Quiero compartir algunos que me llamaron la atención:

1. Pacto entre especies: protección mutua en la naturaleza

En la naturaleza existen ejemplos fascinantes de cooperación entre especies distintas. Uno de los casos más documentados es el de las ardillas terrestres del Cabo y las mangostas, que se unen para protegerse de las cobras.

Las ardillas, al detectar la presencia de una cobra cerca de sus madrigueras, emiten señales de alarma y distraen al depredador. Esta acción permite que la mangosta, experta en enfrentarse a serpientes venenosas, intervenga y ahuyente a la cobra, protegiendo así a todo el grupo.

 

Pero la relación es verdaderamente mutualista: las mangostas (tanto suricatas como mangostas amarillas) se benefician al compartir las madrigueras excavadas por las ardillas, utilizándolas para regular su temperatura corporal en el clima árido y como refugio seguro contra depredadores. Ambas especies comparten los sistemas de túneles, creando una convivencia donde cada una aporta habilidades únicas para la supervivencia colectiva.

Este tipo de alianza demuestra cómo la colaboración puede ser clave para la supervivencia.

2. Fomentamos: el poder del acuerdo y de la “pena” como control social

 

En Colombia el término “pena” tiene un significado particular que va más allá de “tristeza” o “castigo”. En el habla cotidiana, “pena” se refiere a la vergüenza o el pudor que siente una persona ante la posibilidad de incumplir una norma social, defraudar a otros o quedar mal ante el grupo.

Cuando se habla del “poder de la pena”, se hace referencia al sentimiento de incomodidad o remordimiento que motiva a las personas a actuar correctamente o a cumplir con sus compromisos por temor a ser juzgados o a decepcionar a los demás.

Este concepto tiene una función de control social muy fuerte: la “pena” es una fuerza que fomenta la cooperación y el respeto de las reglas, porque las personas evitan fallarle al grupo o a la comunidad para no sentirse avergonzadas o ser señaladas socialmente.

Un ejemplo concreto de este principio es el trabajo de la Corporación Fomentamos.

Fomentamos desarrolla un proyecto inspirador: varias cooperativas se unieron para crear una entidad que otorga préstamos a personas excluidas del sistema bancario tradicional, especialmente trabajadores informales, quienes representan más del 60% de la fuerza laboral en Colombia. Estos incluyen desde vendedores ambulantes con pequeños puestos en las aceras, hasta emprendedores de arepas y tejedoras.  

Fomentamos, con el apoyo de asesores especializados, diseñó una metodología innovadora basada en “Círculos Solidarios”: grupos de 10 a 30 personas que administran colectivamente un fondo y se prestan entre sí. Cada miembro es responsable de mantener sus pagos al día, ya que el incumplimiento de uno afecta la capacidad de crédito de todo el grupo.

Este sistema fomenta la cooperación, la confianza y el sentido de pertenencia, utilizando el compromiso grupal como mecanismo de control social, ya que la “pena” de fallarle al grupo se convierte en un componente de responsabilidad y cumplimiento. El temor por decepcionar a quienes confían en ti, a ser señalado como quien rompió la cadena de solidaridad, genera un compromiso más profundo que cualquier contrato legal.  

3. Vaki y el altruismo: cuando cooperar desafía la teoría económica

 

La teoría económica tiene dificultades para explicar el altruismo. No logra comprender fácilmente por qué las personas donan o ayudan a los demás en circunstancias donde aparentemente no obtendrán ningún beneficio directo ni futuro.

Richard Thaler, Premio Nobel de Economía, documentó un ejemplo perfecto de este fenómeno: las personas dejan propina en restaurantes de vacaciones, en lugares a los que jamás volverán. Desde una perspectiva de racionalidad económica pura, este comportamiento no tiene sentido. No hay incentivo reputacional, no hay expectativa de servicio futuro, no hay testigos que importen, y, sin embargo, la mayoría de las personas dejan propina.

Una explicación puede ser que exista algo en nuestra naturaleza que nos empuja a hacer lo correcto incluso cuando nadie nos observa y no hay recompensa visible, es decir, porque “ajá”.

Vaki es el ejemplo perfecto de esta explicación. Está plataforma permite que comunidades y organizaciones creen campañas de recaudación de fondos en línea, facilitando el apoyo económico para proyectos sociales, emergencias o emprendimientos. Miles de personas aportan pequeñas sumas —5.000, 10.000, 20.000 pesos— a causas y personas que probablemente no conocen o nunca conocerán. Es el poder de las cosas pequeñas que se acumulan y pueden crear un gran impacto: donaciones para fundaciones que requieren apoyo, tratamientos médicos difíciles de costear, proyectos interesantes que ganan adeptos y por tanto pueden ejecutarse, emergencias o desastres que pueden convertirse en oportunidades con un poco de ayuda.  

En el entorno digital, se puede decir que Vaki ha revolucionado esta cooperación colectiva aparentemente “irracional” y la ha materializado conectando ideas y causas comunes que generan un impacto real. Como diría un amigo, es un acto de fe en la cooperación humana.

 

Lo que nos enseña la cooperación

 

 

De acuerdo con estos ejemplos, podemos extraer las siguientes conclusiones:

1. El punto de partida para la cooperación es la confianza. Sin confianza no hay colaboración genuina.

2. La cooperación se sostiene en el largo plazo. Richard Thaler lo menciona como ser un “egoísta inteligente”: pensar en cooperar hoy para que exista un mañana común. No es sacrificio, es inversión en futuro compartido.

3. La norma social como poder sancionatorio. La vergüenza, la culpa y el sentido de justicia afianzan la cooperación. El “qué dirán” no siempre es vanidad; a veces es el “pegamento social” que mantiene unidas a las comunidades.

4. La cooperación como multiplicador de bienestar. Como sintetizan Alex O. Imas y Richard H. Thaler, el mundo es un lugar mejor cuando las personas cooperan. Los grupos —desde las empresas hasta las comunidades y los equipos— terminan compartiendo un “pastel” más grande cuando, además de su propio interés, tienen en cuenta el bienestar del grupo y se dan la oportunidad de hablar entre sí y comprometerse explícitamente a colaborar. ( Adaptado del libro de Richard H. Thaler, “The Winner’s Curse”, cap. 2, “Cooperation”)

En definitiva, cooperar no choca con el individualismo, es inteligencia colectiva, Lo dice mejor Séneca en sus “Cartas a Lucilio”: “la sociedad se parece a una bóveda, que se desplomaría si unas piedras no sujetaran a otras, y solo se sostiene por el apoyo mutuo.”

 
¿Qué ejemplos de cooperación has visto o vivido que te hayan marcado? ¿En tu empresa, en tu familia, en tu comunidad? ¿Cuándo fue la última vez que confiaste primero y fuiste correspondido?
 
Salud!
-LF