
Quiero que reflexionen por un momento sobre estas dos preguntas:
¿Para usted, qué es izquierda y qué es derecha?
¿Qué hace que cataloguemos a una persona, a una idea o a una política pública de izquierda o de derecha?
Piense unos segundos…
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tal vez unos minutos más…
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Hice esta pausa deliberada porque quería que experimentaran lo que el cerebro hace ante preguntas complejas: toma el camino más fácil, utilizando estereotipos y buscando ejemplos ya conocidos o validados por otras personas. En esos casos, recurrimos a etiquetas y a usar nombres mediáticos que han “representado” lo que en general se piensa como derecha o izquierda: Uribismo, Petrismo, FARC, paramilitarismo, socialismo, capitalismo. De esta forma, elevamos estos conceptos a un marco divisorio de apoyo y segmentación hacia una corriente u otra. En otras palabras, simplificamos el problema reduciéndolo a un bando u otro

Esta simplificación es a la que Einstein se refería, y de la cual nos advirtió con su reflexión: ‘Todo debe hacerse lo más sencillo posible, pero no más simple de lo necesario. Una simplificación excesiva puede ser igual de desastrosa que una complejidad innecesaria”.
Polaridad y Unidad
Ante este escenario, quiero ofrecerles una perspectiva diferente sobre estas categorías (derecha e izquierda), que sí son contrarias y como tal nos obligan a diferenciar y decidir; sin embargo considero que en el fondo de esta polaridad existe una unidad que no hemos percibido o no queremos percibir. Para representar mejor esta idea, a continuación una explicación que ilustra perfectamente lo que quiero decir:
Observen esta imagen:

Dependiendo de cómo la interpreten o se ubiquen, en la superficie negra o blanca verán una imagen u otra. Si interpretan como fondo la parte negra, verán en la blanca una copa, pero si se ubican en la blanca como fondo, verán dos caras de perfil negras. Estos dos elementos- caras/copa-, se presentan de forma simultánea pero obligan al que observa a decidirse por uno o por otro, cuando en realidad estas imágenes son interdependientes, el polo negro depende del blanco y viceversa.
Es así como, “esa absoluta interdependencia de los contrarios nos indica que, en el fondo de cada polaridad, existe una unidad que nosotros, los humanos, no podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción simultánea, es decir, tenemos que dividir una unidad en dos polos, a fin de poder contemplarlos sucesivamente.”
“ Las polaridades son, pues, dos aspectos de una misma realidad que nosotros hemos de contemplar sucesivamente. Por lo tanto, cuál de las dos caras de la medalla veamos en cada momento dependerá del ángulo en el que nos situemos. Sólo al observador superficial se aparecen las polaridades como contrarios que se excluyen mutuamente – si miramos con más atención veremos que las polaridades, juntas, forman una unidad ya que, para poder existir, dependen una de otra” ( Del libro “La enfermedad como camino: un método para el descubrimiento profundo de las enfermedades”. De Thorwalrd Dethlefsen y Rüdiger Dahlke. Después les cuento cómo llegué a este libro y cómo lo intregré a este tema-)

Bobbio: igualdad como criterio
Dicho lo anterior, partiendo de la concepción de derecha e izquierda, quiero traer una de las mejores explicaciones que he encontrado al respecto. Norberto Bobbio, un ilustre pensador italiano, escribió un texto breve llamado: Izquierda y derecha: ¿existe aún la izquierda y la derecha? ( publicado en 1995).

Y para que vean el talante del personaje, y su acercamiento imparcial, lejos de toda polarización, les transcribo esta cita que explica su carácter, moderado pero combativo:
“Quien quiere hacer política día a día debe adaptarse a la regla principal de la democracia, la de moderar los tonos cuando ello es necesario para obtener un buen fin, el llegar a pactos con el adversario, el aceptar el compromiso cuando éste no sea humillante y cuando es el único medio de obtener algún resultado”.
Aquí va lo que dice Bobbio al respecto:
El criterio para distinguir izquierda y derecha, es la actitud que asumen los hombres que viven en sociedad frente al ideal de la igualdad. De tal forma que aquellos que se declaran de izquierda dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa a lo que hace a los hombres más iguales o a las formas de atenuar o reducir los factores de desigualdad; por el contrario los que se declaran de derechas consideran que las desigualdades son naturales a la sociedad y en el comportamiento social, y por tanto no hay que hacer mucho o nada para eliminarlas o reducirlas y que cada cual deberá resolver sus propios asuntos. Por supuesto, cada categoría tiene una graduación, que se va moviendo de un lado a otro.
De tal forma que surgen subcategorías: extrema izquierda, centro izquierda, centro derecha y extrema derecha, cada una con su propio criterio frente a la igualdad.
Las trampas lingüísticas
Estos dos términos, que son extremos, funcionan como polos opuestos, claro está. Sin embargo, como todo polo opuesto, se necesitan y se complementan, y si entendemos esto, nos unificaremos y no polarizaremos.
No se trata de quedarse callados para evitar la polarización, sino de desarrollar la capacidad de reconocer que las buenas ideas no tienen por qué venir de una dualidad. Una política efectiva para reducir la pobreza sigue siendo efectiva independientemente de si viene de un gobierno ‘de izquierda’ o ‘de derecha’.
En consecuencia, considero que estas clasificaciones, como se preguntaba Bobbio, son trampas lingüísticas en las que caemos en el debate político; sin embargo, lo importante es entender que si vemos estas nociones desde una perspectiva unificada y como ideas que se complementan, podemos llegar a entender que se necesitan ambas para construir una mejor sociedad.

Contra la simplificación
Lo que propongo no es solo teoría. Nassim Taleb lo demuestra prácticamente en ‘Skin in the Game’:”
«Soy, a nivel de la Reserva Federal, libertario; a nivel estatal, republicano; a nivel local, demócrata; y en el ámbito de la familia y los amigos, socialista. Si esa afirmación no te convence de la fatuidad de las etiquetas de izquierda y derecha, nada lo hará.»
Así que los invito a ver la unidad detrás de esta dualidad, a comprender que ambas perspectivas son necesarias y complementarias. Como la copa y las caras de la imagen, no podemos verlas simultáneamente, pero ambas existen en la misma realidad.
El verdadero reto no es simplificar estas nociones de izquierda y derecha, sino comprenderlas y darles el valor que cada una tiene, unificarlas y así complementarlas.

